lunes, 2 de noviembre de 2020

Pedir perdón.

 Estoy pensando en las cosas que tiene la vida, estoy terminando un libro (no es una novela) cuando en realidad tengo algo mucho más urgente y que no podré hacer aún: pedir perdón a un amigo muy querido por mis imprudencias del otro día. Si lo lee espero que él sepa entenderlo.




lunes, 21 de septiembre de 2020

INFRAESTRUCTURAS CRÍTICAS Y CIUDADES DEL FUTURO

 

 

Es curioso que, en este momento tan tempestuoso, donde el día a día nos sorprende, cuando en Canarias no solo aguantamos las consecuencias de la pandemia, sino otra ola de emigración ilegal, sin embargo, en otros lugares del mundo, en estas mismas circunstancias, o parecidas, este mismo verano, un estudio de arquitectura danés BIG esté diseñando una "ciudad prototipo del futuro" con edificios de madera y vehículos autónomos para la empresa de automóviles japonesa Toyota y que lo hayan presentado al público  estos meses. ¿Son infraestructuras críticas para el futuro?

 





La llaman Woven City, y la primera fase de su desarrollo utiliza el patrimonio histórico, eso me gusta, porque parte de una antigua fábrica de automóviles. Cuando finalice la obra dicen que albergará a 2.000 personas que probarán los vehículos, la robótica y casas inteligentes, en lo que BIG llama un "entorno del mundo real". No sabemos qué mundo será ese, porque después de la pandemia igual el mundo se parece más al Walden Dos de Skinner que a lo que conocíamos antes. Yo no sé ustedes pero la pandemia me rompió la vida en dos, la de antes y la de ahora, y son como dos ríos paralelos que no sé si se volverán a encontrar, y creo que este proyecto es algo así, como un futuro que quizás será así y empiece desde cero o no, como una oportunidad única para crear un mundo nuevo que Toyota parece que va a intentar. Dice BIG que parte desde cero, pero nunca es así, porque tiene en cuenta todo lo aprendido por ellos y por la humanidad hasta ahora, y porque respeta esa vieja fábrica. 

 

Ese potencial tan inmenso que revelan BIG y Toyota en sus planes para la ciudad del futuro lo sitúan justo debajo del emblemático monte Fuji en Japón, que es para los japoneses como el Teide para los canarios, un emblema, algo mágico, una montaña que da fuerza y llena de energía. No han abandonado sus planes de comenzar la construcción en el 2021, a pesar de la pandemia y quieren hacer una ciudad que esté como entretejida y sea humana a la vez que esté a la última en tecnología. Una ciudad de 70 hectáreas con algunas cosas que no son tan originales pues ya Foster las probó en Dubai como  los vehículos autónomos, aunque aquí se incluyen diseños exclusivos como el Toyota e-Palette. También contiene en su diseño calles más pequeñas, que serán para otros modos de transporte personal, como bicicletas, scooters y, de nuevo, la marca con sus nuevas ideas, el i-Walk de Toyota, y luego un tercer tipo de calle, de la que en la Europa histórica sabemos mucho, será totalmente peatonal. Una ciudad más ordenada que el desorden de nuestras callejuelas históricas, como las del barrio gótico de Barcelona, y no sé si eso me gustará más o menos, seguro que va con la forma de vida de los japoneses.  

 

Hay en el diseño algo impropio de BIG que no logro entender: Los edificios de toda esa ciudad “tejida” se construirán con madera y paneles solares colocados en los techos. ¿Serán esos techos tan feos como los que diseñan actualmente la mayoría de los ingenieros? Espero que no, porque la quinta fachada, la que se ve desde los aviones, desde los satélites y nos llega a través de Google Earth y de las imágenes a vista de pájaro que internet nos regala, también es importante, cada día más. Pero sí me gusta del diseño una vieja historia europea y china, que es la organización de las casas alrededor de patios centrales, conectados por calles y parques peatonales, con toda la vida, y el frescor, y la tranquilidad, que esos patios sabemos en países como Grecia, España, o Italia nos dan.

 

Ingels, la estrella de BIG, lo llama una ciudad porosa, que deja que la economía, la vida social, el comercio y la cultura se entremezclen por toda ella. O sea, nos tejen una ciudad para que la tecnología no nos aísle sino que nos una, para impulsar que conectemos más entre nosotros (cuando podamos volver a tocarnos y abrazarnos). Todo impulsado por una combinación de energía solar, energía geotérmica y tecnologías ligadas al uso del hidrógeno. Me gustaría viajar pronto a verla hecha realidad.

 


 

 

sábado, 30 de mayo de 2020

El paréntesis



El COVID-19 ha supuesto un paréntesis en la vida de todos. Algunos estamos aún en estado de shock, otros tratamos de imaginar como será nuestra vida. Se escribe mucho sobre eso, y creo que nos resulta difícil imaginar, porque realmente predecir el futuro de algo tan desconocido como lo que nos está ocurriendo no es fácil, no es un mecano, dice un amigo mío economista que ante mi pregunta de ¿qué hacemos? me ha contestado con un simple “esperar”, dejándome enfrentada al abismo.

¿Esperar a qué? ¿a que el virus desaparezca? No va a desaparecer en mucho tiempo y si ya hemos visto que en tan solo medio mes el producto interior bruto de nuestro país ha caído como no lo hacía en un siglo, esperar significa que solo sobrevivirán los que tengan un sueldo del estado. Los demás morirán de hambre y no entiendo por qué es mejor morir de hambre que de un virus.

Afortunadamente, y esto no es una crítica a mi amigo, ni mucho menos, hay otros muchos pensadores que se están ocupando de diseñar el mundo que vamos a necesitar, que es distinto al de ahora, han aceptado ya, también en el mundo de la arquitectura,   que lo será para siempre, entre ellos se encuentra una arquitecta que recientemente han publicado sus opiniones sobre cómo su profesión se verá alterada para siempre a raíz de la pandemia.

La crisis económica y de salud ha sido una señal para reconsiderar todos los supuestos. Es lo que opina Marianne McKenna, socia fundadora de KPMB Architects, una firma de arquitectura de Canadá, que ve este paréntesis como una oportunidad para repensar todo, incluyendo cómo construimos las ciudades, los espacios públicos, los espacios comunes de las casas, hoteles y hospitales, y como hacerlo de manera que sean aún más resistentes, protectores y saludables sin que por ello pierdan la belleza, lo verde y la creatividad. Ella opina que como arquitectos, este es un momento de unir a toda la profesión, y no solo imaginar, sino también idear y defender un futuro donde el mundo esté en armonía con la naturaleza, y donde la innovación y la imaginación sean valoradas por conseguir soluciones que mejoren la calidad de vida, y yo opino lo mismo, o los arquitectos afrontan esta crisis verdaderamente unidos o no habrá un futuro para la profesión ni para la belleza de las ciudades.

McKenna cree que el mundo pos-covid va a hacernos testigos a cada uno de nosotros (los que sobrevivamos al virus) de una mayor dependencia de la colaboración por medios virtuales en lugar de reales. Por ejemplo, durante mucho tiempo los arquitectos internacionales viajarán menos, tendrán menos contacto personal con los clientes y con los lugares donde construyen y eso puede suponer, o bien una vuelta a los arquitectos locales (para lo que también muchas leyes tendrían que volver a cambiar, empezando en España por la Ley de Contratos de 2017) o bien que los clientes buscarán a los mejores arquitectos que, estén donde estén, sabrán darle una solución, porque los viajes van a ser durante mucho tiempo pocos y estratégicos. Así que una conclusión es que la arquitectura tiene que acostumbrarse a trabajar desde lejos.

La arquitectura es para las personas.

Y hemos visto que, hoy por hoy, no todas las casas están preparadas para un confinamiento mundial como el que estamos viviendo, casi podemos decir que nos han almacenado, en pequeños apartamentos no pensados para vivir encerrados, sin luz, sin aire, sin vistas….   Creo que a partir de ahora vamos a sentir una nueva apreciación sobre las casas que queremos, los espacios que compartimos, la belleza que contemplamos (si tenemos la suerte de vivir en una casa bonita) y la salud que todo ello nos reporta (si está bien construida y es saludable).

Además de esos espacios personales que son nuestras casas creo que los espacios públicos también cambiarán. Algunos de los estándares generales de planificación para el diseño del espacio público cambiarán para reflejar mejor una nueva forma de perseguir la vida que incluirá un mayor espacio personal. Un mundo interesante por el que no deberíamos esperar más, sino salir a conquistarlo.



martes, 10 de marzo de 2020

SOBRE LAS ELECCIONES AL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE TENERIFE


Esta noche (10.03.2020) se vota en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife. Por primera vez en mucho tiempo hay dos listas. Yo no lidero ninguna lista ni tengo otro interés que el ver al Círculo, como institución, recuperar el esplendor que ha perdido en los últimos años. En las dos listas tengo amigos y amigas, y gente a la que admiro y con la que espero -gane quien gane- seguir compartiendo momentos bonitos en esta vida. 

Ninguna de las dos listas es perfecta. Si las hubiera formado yo habría cambiado algunas cosas en ambas pero la vida es así y ahora toca elegir a quién votar.

Creo que una de las listas es un poco mejor que la otra y por eso me voy a mojar y a explicar por qué y cuál va a ser mi opción, decisión que me ha costado mucho tomar. Creo que es mejor la alternativa que lidera el artista Alejandro Tosco. Por supuesto tiene mucho que ver con el arte (7 artistas frente a 4 en la otra lista) pero además tiene algo que para mí es crucial en relación con la situación económica y jurídica que vive el Círculo hoy en día.

Para los socios, y yo soy una de ellas, simplemente, pero al haber sido presidenta lo veo quizás con mucha más preocupación, no sé, la cuestión está en decidir cuál es la mejor lista para este momento histórico. A muchos les ocurrirá como a mí, tengo amigos en ambos lados, me apena ver al Círculo dividido en un momento que es trascendental para su supervivencia, sobre todo desde el punto de vista económico, y con una situación burocrática compleja, y es en este diagnóstico, en qué necesita el Círculo ahora, donde la decisión, a mi juicio se torna, de pronto, más fácil de lo que me parecía a mi personalmente inicialmente (hubiera preferido tenerlos a todos unidos en una sola lista pero no quisieron). 

La decisión tiene que basarse, la de cada uno de nosotros, en qué lista será más capaz de volver a abrir el Círculo al público, con todas las de la Ley y lo antes posible para que se vuelva a llenar de cultura y diversidad. Entonces, si analizas una y otra candidatura te das cuenta de que tienen muchas similitudes, ambas son grupos de personas de la cultura de diferentes disciplinas artísticas muy competentes y fabulosos como creadores. Pero hay una lista que destaca por una cosa que la otra no tiene, y que a mí me parece importante en este momento histórico: en una de las dos listas, solo en una, además de escritores, periodistas, literatos, teatreros, músicos, arquitectos, diseñadores y un largo etc., hay gestores, abogados y conocedores del sector público (como Andres Orozco o Pablo Martín Carbajal) con una amplia y contrastada experiencia de éxito en la lista liderada por Alejandro Tosco, y eso es un plus que no puedo ni creo que nadie deba ignorar.

La otra lista la preside la músico Esther Ropón, una gran profesora del conservatorio. A ella la acompaña gran parte de la lista anterior (repiten 4 miembros frente a 1 en la otra lista, la que estaba conmigo hasta finales de 2016). Y son geniales, y seguramente tampoco lo harán mal si ganan, pero tampoco creo que destaquen, al fin y al cabo muchos de ellos llevan años en la junta, han sido copartícipes de todos los desastres (no se le puede echar la culpa en exclusiva al presidente en funciones Pepe Valladares porque toda la junta votaba con él), por eso creo que al no haber incluido ninguno de los perfiles que ahora, por desgracia, necesita el Círculo, me inclino más a pensar que la otra lista, la de Alejandro Tosco, es mejor aunque no sea perfecta y aunque duela ver al círculo dividido.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Un arquitecto inmortal: Carlo Scarpa.



El arquitecto veneciano más querido del siglo XX, Carlo Scarpa, en realidad no tenía el título de arquitecto. Como tantos otros, ni Frank Lloyd Wright, ni Mies van der Rohe, ni Le Corbusier, ni Luis Barragán, ni Cesar Manrique eran arquitectos titulados oficialmente, y sin embargo, como todos los mencionados, Scarpa dejó su sello personal en numerosas obras en su ciudad.

Antes de centrarse a tiempo completo en la arquitectura, trabajó como diseñador de vidrio, creando un vínculo especial entre la arquitectura y este oficio tradicional por el que su ciudad es conocida. Antes, asistió a la Real Academia de Bellas Artes de Venecia, donde se graduó con un título no profesional de profesor en dibujo arquitectónico en 1926 pero no hizo el examen profesional requerido para ejercer como arquitecto y por tanto, encontró su camino en su práctica de la arquitectura asociándose con otros. El mismo año que se graduó se convirtió en profesor en la Escuela de Arquitectura de Venecia, la IUAV fundada también en el 26, y al mismo tiempo, trabajó para dos cristalerías artísticas de Murano, la MVM Cappellin & Co y, con la que adquirió más fama, Venini, marca que aún vive de sus rentas.



Scarpa es conocido por sus detalles y por el uso instintivo de los materiales, con los que combinaba técnicas artesanales con métodos de producción modernos. Aunque estrechamente vinculado a Venecia, su arquitectura también estuvo fuertemente influenciada por la cultura japonesa, y en Japón, en Senday, fue donde murió en 1978.

Como ningún otro arquitecto moderno, Carlo Scarpa experimentó sin frustración dos mundos: el antiguo y el moderno. Su arquitectura, tan representativa del tiempo y el lugar, está particularmente moldeada por la experiencia de la historia que le ha precedido antes, y esa le condiciona pero no le coarta, más bien todo lo contrario. Entiende la historia, la siente y la respeta.  Para Scarpa, solo una rica apreciación de la historia y la cultura de una región puede darle a un arquitecto la capacidad de diseñar para un lugar específico.

Scarpa dejó, especialmente en su Venecia natal, maravillosos trabajos de gran entidad, como la Ca’Foscari, sede la Universidad veneciana, la reforma de la Galería de la Accademia, los pabellones italiano y de Venezuela de la Bienal de Venecia y la tienda Olivetti de la plaza de San Marcos. Justo cuando estaba haciendo esta última obra fue acusado por “su” Colegio de Arquitectos de ejercer la profesión ilegalmente y sus “colegas” le llevaron a los tribunales, y es que, una vez más, nadie es profeta en su tierra. Pero lo que vale son sus obras, atemporales e inmortales. Hoy día, Carlo Scarpa sigue siendo una figura desconcertante en el mundo de la arquitectura moderna. No hay ni explicación ni análisis fáciles sobre su trabajo, ni su obra es particularmente fotogénica, pero se siente en ellas su genialidad. 

Sin van a visitar Venecia, la Fundación Querini Stampalia es un museo que deberían incluir en sus planes. Es tan raro como poco conocido y ofrece un diálogo armonioso entre el arte y la arquitectura antiguos y contemporáneos: una casa museo de la rica y poderosa familia Querini, considerada una de las mejor conservadas de toda Europa. Y es además uno de los mejores trabajos de Scarpa: la intervención que realizó en el Palacio Querini Stampalia fue desarrollada en torno a cuatro temas muy vinculados a la tradición y cultura venecianas: el puente, el más ligero realizado en la ciudad; el agua, que entra al edificio; el Portego, espacio tradicional, y la luz. En su constante búsqueda de la perfección en los detalles Carlo Scarpta consiguió crear una obra maestra donde el agua es el personaje principal, el elemento decorativo central: ingresa al edificio desde el canal a través de las puertas del portal y corre a lo largo de las paredes internas, en pequeños canales que reflejan la luz del agua. Carlos Scarpa no le tenía miedo al Aqqua Alta y en este museo, que es el único palacio veneciano que sobrevivió al final de la República, y donde se puede admirar uno de los jardines más bellos de Venecia, lo demostró.






sábado, 6 de julio de 2019

Un acto cultural en un garaje, sí, ¿y?



Anda el mundillo cultural comentando que hoy (sí, hoy, 6 de julio de 2019) se celebrará un acto de un festival en un garaje, como si eso fuera algo inadecuado, o ¿barato? ¿o qué? no entiendo cuál es la crítica pero da igual porque es que es algo muy sabroso sobre lo que escribir. Gracias por brindarme esta oportunidad.

Las mejores ideas de los siglos XX y XXI han surgido en garajes, desde las canciones de los Beatles hasta el invento de un Mac, por poner solo dos ejemplos. Eso ya le da validez a los espacios que debiendo ocupar vehículos son "okupados" por la creatividad, el arte y el talento.

Además, se da la circunstancia de que ese garaje en concreto donde hoy hacemos un homenaje a la Bauhaus no está diseñado por cualquiera, sino por un arquitecto que está considerado entre los mejores de Canarias, y un garaje que además ha recibido, incluso, varios premios. Un garaje que a todos los miembros de la Bauhaus les habría encantado por su diseño de aprovechamiento del espacio (pequeño) y por el uso de la luz (vengan y véanlo ustedes mismos, el acto es libre y gratuito).


La idea nace de la reivindicación de la calle como lugar para la cultura cuando en un barrio, como en el barrio Salamanca de Santa Cruz de Tenerife, no hay otros espacios culturales, ni públicos ni privados (de momento).

La democracia del arte no se encuentra en un museo, ni en una galería, se encuentra en los barrios, en las calles, en los parques, en los garajes ¿por qué no? en definitiva, se encuentra en la ciudad. Las intervenciones artísticas inundan los solares, las puertas de los garajes, los edificios, las iglesias, los túneles, las casas que marcan el camino por las callejuelas, y las grandes avenidas. 


Sin adoctrinamientos ni restricciones, el arte se apodera como hace el mar de lo que en su origen le pertenecía, el arte no es un pájaro que se pueda custodiar con paredes o rejas que no le permitan salir y explorar las posibilidades que otros ambientes le puedan ofrecer. 

Montar un película como homenaje a la Bauhaus es un garaje es más caro (lo tienes que traer todo: la pantalla, el proyector, el sonido, las sillas..) que montarlo en un cine ya preparado para ello, así que tampoco me vacilen con eso ¿vale? simplemente aprovechen que alguien pone su garaje a disposición de los demás y disfruten del acto.

Esto va en consonancia con los festivales Open House que son festivales de arquitectura y ciudad que te permiten visitar gratuitamente los edificios más interesantes e inaccesibles. También es "hermano" de otros experimentos como el festival de CANS (sí Cans, no Cannes) que se celebra en Galicia, todo el mismo en lugares privados.

*Dos ejemplos del festival Cans (Galicia)

Así que sí, cultura en un garaje. Para todos ustedes.


domingo, 16 de junio de 2019

Las infinitas e interminables muertes de un proceso de Alzheimer


Mi madre murió el pasado martes 11 de junio (entre la madrugada del lunes al martes). Después de 18 años tras el diagnóstico de un Alzheimer que en aquel momento (cuando ella tenía 55 años) era solo un desgaste cognitiva ligero.

Esa ligereza fue convirtiéndose en infinitos destrozos en su cerebro, proceso al que acompañó un cáncer de mama.

Cuando dejó de saber mi nombre, cuando olvidó el número de teléfono de casa, cuando ya no supo conducir, cuando se olvidó de caminar, cuando... y cuando esto..., y cuando lo otro... hasta el final, hasta olvidarse de tragar. El proceso de nacer y crecer pero al revés, olvidar, decrecer y morir.

Nunca se quejó, que yo recuerde. Me quejo yo. De todo. Aunque no sirve de nada.

Adiós mami. Me acuerdo de ti constantemente. Estás en mil detalles.

Una de las ultimas imágenes con mi madre, Milagros López, cuando el Alzheimer ya llevaba años haciendo estragos.