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viernes, 7 de agosto de 2009

MEMORIAS DE UN TANQUE DE PETROLEO, CAPITULO 1

*Este verano estoy tratando de terminar un libro sobre la Historia del Espacio Cultural El Tanque. Este es solo un primer borrador que iré publicando en el Blog. Muchos de ustedes han vivido experiencias en ese espacio, lo defendieron cuando estuvo a punto de ser demolido y quizá puedan ayudarme a no olvidarme de nada ni de nadie, por eso les pido que lo lean y me ayuden si pueden. Qué sintieron, qué ideas se les han ocurrido al entrar por primera vez, qué piensan del mismo, etc. Lo que quieran. Gracias de antemano.


EL TANQUE 69

JULIO 1997-JULIO 2009

CAPÍTULO 1.- A MODO DE PRELIMINAR.

El día que abrimos el Espacio Cultural El Tanque por primera vez al público, el 17 de julio de 1997, no imaginamos la batalla que se originaría por su permanencia, ni que doce años después seguiría, milagrosamente, en pie. Tampoco podíamos tener idea entonces de que esta singular sala pudiera ser objeto de tantas controversias, tener tantos partidarios y detractores, ni recibir tantos premios, reconocimientos y apoyos, y que aún así, en el año 2009 siguiera en duda su existencia.

No sé si esta estructura cultural seguirá en funcionamiento en el futuro, ni siquiera si cumplirá su próximo aniversario, pero aún así, hoy quiero presentarlo como un espacio que ha estado lleno de cultura y de contemporaneidad –hasta donde hemos podido y nos han dejado las circunstancias- a lo largo de los últimos 12 años. Lo que sí sé es que por mi parte seguiré haciendo todo lo que esté en mi mano para que El Espacio Cultural El Tanque siga en pié.

Pero la historia no comenzó el día de su apertura al público, sino mucho antes. Comenzó un día de diciembre de 1995 ( uno de los años más intensos que recuerdo ). La refinería de Santa Cruz se estaba desmantelando para dejar que la ciudad se expandiera hacia el sur y hacia el mar. Como también se estaba desmantelando media Europa del Este ( tras la caída del muro de Berlín en 1989 ) el hierro no solo regalaban si te lo querías llevar sino que te pagaban 11 pesetas por kilo.

Gracias a la visión de Jesús García Manrique y Fernando Menis, y a la iniciativa del Cabildo y de Cepsa, se dio a conocer este singular espacio.

Yo estaba buscando un espacio diferente, el Cabildo carecía entonces de un recinto propio para la celebración de actividades culturales ( parece que no pero ¡cómo han cambiado las cosas desde 1995! ) y Fernando me dijo que por qué no miraba en la refinería que la estaban desmantelando. Llamamos a Manrique a quien conocíamos de los conciertos de la Orquesta Sinfónica y ellos dos fueron primero a ver lo que había por allí. Manrique le enseñó el Tanque a Fernando y Fernando a mí.

Quedamos sobrecogidos por las magníficas condiciones (espaciales, lumínicas y sonoras) que el antiguo contenedor de combustible ofrecía para ser transformado en un espacio cultural.

Empezamos a tomar conciencia de la importancia del espacio que acabábamos de descubrir, la primera vez con botas de agua y en el tanque 68 que ya estaban desmantelando y al que habían abierto un boquete en su base. Aquella catedral de finales del Siglo XX con estética de blade runner, con las paredes llenas de restos de crudo, oscura pero con entradas de luz desde el oxidado techo de metal, esos sonidos que cualquier pisada o ligero movimiento creaba, nos impresionó profundamente. Esa belleza industrial tan austera, esa capacidad de los buenos ingenieros para hacer con formas bellas herramientas útiles creo que es imposible de describir, hay que vivirlo en primera persona.

Y eso fue lo que pensamos, si no recuerdo mal era el puente del Pilar, y nos fuimos al sur. En el coche decidimos que esto no podía destruirse sin que la gente de Santa Cruz lo experimentara. Solo quedaban dos tanques en pié. Cuando volvimos a la ciudad tras el puente solo quedaba en pié el 69, habían comenzado a vaciarlo para desmantelarlo. Hablamos con Adán, que como ingeniero industrial, y como antiguo trabajador de Ibérica de Montajes conocía la belleza de esos tanques por dentro, aunque nunca los había visto desde abajo sino colgado del techo y llenos de crudo. Le encantó la idea. Habló con Javier Martín Carvajal, Director de la Refinería entonces, y también le gustó la idea y dijo que Cepsa podía hacer la obra de acondicionamiento. Le pedí a Fernando Martín Menis que, ya que la idea era de los dos, de nosotros dos y de Manrique, hiciera él el proyecto de acondicionamiento para que la gente pudiera entrar al Tanque pero sin modificar el espacio, con la condición de que tenía que hacerlo gratis. Le pedí que pidiera exención de honorarios en el Colegio de Arquitectos. Aceptó.

Ahora que han pasado tantos años desde aquel primer momento mágico aún no entiendo por qué costó tanto defender que siguiera en pie. Si algo aprendí fue a esperar. Esperar y esperar y esperar para que lo que llamaban mi “capricho” por ese espacio no complicara más la situación. Y mi espera llevó a aguantar durante casi 5 años su cierre, su práctico olvido, aunque yo no lo olvidé, y durante los 5 años que permaneció cerrado al público me dediqué, calladita, y buscando algunos apoyos, a salvarlo definitivamente, aunque nada es nunca definitivo salvo la muerte.

De hecho, el primer paso para su salvación fue su cierre por decreto por parte de Ricardo Melchior – no sé si él se ha dado cuenta- y el rechazo que eso provocó dentro del partido, fuera, en la calle, me las ingenié para que nadie protestara, aún no sé cómo, por el cierre anticipado del faro de Marshall Mc Lujan y por la programación prevista para 2002 que quedó truncada para siempre por obra y gracia del Señor Presidente del Cabildo.

Siempre me sentí de parte de la razón, así que no puedo decir que me sintiera humillada o rendida cuando el Presidente del Cabildo me retiró las competencias en esta materia y decidió cerrar el espacio. Pero me avergüenzo de haber sentido miedo, y por eso no haber sido más dura y de no haber exigido que se volviera a reabrir inmediatamente en el mismo 2002. En lugar de eso esperé pacientemente casi 5 años. Se cerró a finales de enero de 2002 y solo pude volver a abrirlo a finales de noviembre de 2006, con la 1ª Bienal de Arte, Arquitectura y Paisaje de Canarias.

Sabía que estaba en una lucha por una cuestión cultural como tantas que ha habido a lo largo de la Historia. Nunca fue un capricho, ni un empeño personal: era lo normal, tenía que defender ese espacio porque era mi trabajo como Consejera de Cultura defender los espacios culturales y el patrimonio histórico industrial. No concibo el servicio público de otra manera que no sea implicándome a fondo en lo que hago y tratando de solucionar los problemas que se plantean y no esquivarlos como hacen algunos compañeros en esto que llamamos vida pública.

Durante mucho tiempo se dijo que el Espacio Cultural El Tanque era “solo “ un capricho personal mío. Tengo que decir que nunca lo fue. Fue un empeño personal por no dejarme avasallar por los intereses que rodeaban ese espacio y cumplir estrictamente con mi deber: el de una consejera insular de cultura que debe defender todos los espacios culturales que estén bajo su competencia. Y mucho más si se trata de un espacio muy especial, que despertó interés dentro y fuera de nuestras fronteras, que tenía un colectivo de ciudadanos presionando para que siguiera luchando por él y un alto valor desde el punto de vista patrimonial. Así que ahora que han pasado los años tengo que decir que no fue un capricho pero sí fue un trabajo en el que estuve dispuesta a dejarme la piel, y la carrera, de hecho creo que ahí empezaron mis problemas políticos, ya que Ricardo Melchior no ha dejado de vetarme para cualquier puesto, lista, reunión, etc. desde entonces hasta ahora, como contaré más adelante.

Las impresionantes catedrales románicas, góticas, barrocas, etc. del pasado son emblemas de la riqueza o importancia de las ciudades, pero hoy día la cultura ha derrotado a la religión como signo más obvio del éxito y de la importancia de los lugares. En los últimos 30 años ha recorrido el mundo entero una tendencia: la construcción de museos e instalaciones culturales de primer orden, erigidas como símbolos de los lugares en los que están. La Arquitectura se ha puesto a la cabeza de las disciplinas artísticas en cuanto a riqueza, innovación, creatividad y representatividad.

Y en Tenerife también hemos jugado nuestro papel: en los últimos 20 años hemos construido los emblemas culturales de la isla, el Auditorio y el TEA. No hay ciudad que se precie, ni isla que se precie que no tengan un buen Auditorio y Palacio de Opera y un Museo de Arte Contemporáneo y una gran Biblioteca. Es lo mínimo que debíamos hacer.

También las grandes empresas privadas han sucumbido a esta tendencia y han construido grandes y espectaculares sedes y museos.

En el caso del Espacio Cultural El Tanque ya estaba ahí, existía desde hacía décadas, formaba parte de nuestro paisaje urbano industrial, nosotros solo lo descubrimos y lo abrimos al público, son, los propios ciudadanos quienes demandaron la permanencia de este singular y espectacular espacio cultural, y no importantes empresas financieras ni los políticos más poderosos. Adán Martín y yo estuvimos detrás todo el tiempo. Adán dejándome hacer, mirando cómo me defendía, esperando mis reacciones y propuestas, y yo haciendo, y a la vez, aprendiendo. Aprendiendo de Adán y de lo que estaba ocurriendo a mi alrededor. Así fueron esos primeros años como Consejera de Cultura. Los mejores ( del 95 al 99 ) porque se podía pensar con libertad, porque la capacidad para innovar era bienvenida y no rechazada por sistema, porque no existía una jerarquía dictatorial y decimonónica sino confianza en que el jefe sabía que podía confiar en nosotros. Y caminábamos a veces por el filo de la navaja pero siempre con equilibrio.

Sabíamos –los que formábamos aquel equipo político de entonces- que otro mundo era posible, que podíamos transformar la realidad y mejorar la isla poco a poco, las cosas no se dejaban al azar, se planificaba, se pensaba y repensaba y se actuaba. Desde 1999 no se volvió a planificar. Aún hoy se vive de los planes de entonces en el Cabildo de Tenerife. Los que yo dejé en marcha terminaban en 2007, que yo sepa no se han puesto nuevos planes en marcha.

Así, en este ambiente de libertad política y creativa, tan lejos hoy, decidimos abrir un tanque de petróleo al público para que los ciudadanos conocieran por dentro lo que llevaban tantos años viendo – y sufriendo- por fuera. Por medio de un acuerdo de cesión temporal con la empresa petrolera CEPSA comenzaron las obras de adecuación del inmenso bidón.

3 comentarios:

Trabajador Insular dijo...

Lo que cuentas de Ricardo Melchior es mucho peor de lo que dices.Su autoritarismo sin razón va más allá de lo que se puede aguantar.Sin embargo aquí seguimos aguantando.Hasta cuando no lo sé.

Anónimo dijo...

Dulce, ¿qué papel tuvieron Felipe Artengo y José María Pastrana en la rehabilitación de El Tanque? Que yo sepa el proyecto, además de Fernando Martín Menis, lo firmaron ellos dos.

Dulce Xerach dijo...

Pensaba pasarlo por alto, pero ya que lo preguntas te diré que se enfadaron mucho porque no se iba a cobrar por ese proyecto, así que se desentendieron del tema y nunca fueron ni una sola vez a la obra. Ni siquiera a la inauguración. Pero aún así Fernando compartió la autoría, los premios, las alegrías, con ellos. Como debe ser porque eran amigos.