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sábado, 8 de agosto de 2009

CAPITULO 2.- CRITERIOS PARA LA REHABILITACIÓN DEL TANQUE DE PETROLEO COMO PATRIMONIO INDUSTRIAL

A lo largo de la historia, la rehabilitación de edificios para uso cultural ha sufrido muchos desaciertos. Debido a este motivo la UNESCO y el ICOM potenciaron el establecimiento de criterios de rehabilitación:

1. Valor documental del lugar donde se halla ubicado el edificio. Es decir, su posibilidad de vinculación con una célebre personalidad o un acontecimiento histórico.

2. Valor de representatividad respecto de una época o de una sociedad determinada.

3. Valor estético del edificio histórico, no sólo en sí mismo considerado, sino también en cuanto a la posibilidad de presentar en un marco atractivo las colecciones [las acciones] de un museo [o instalación].

Estos tres criterios se dan en el Espacio Cultural “EL Tanque” y por lo tanto, creo que no exagero al afirmar que es el caso de una impecable readaptación de un espacio industrial, en recinto cultural, con una intervención austera y estéticamente impecable que toma conciencia de la misión del arquitecto como activo intérprete del patrimonio y asume la voluntad de convertirse, por medio de esa intervención arquitectónica, en un auténtico centro de proyección sobre su entorno social.

La obra de adaptación del Tanque para su apertura al público, de la que tanto se dijo luego, tuvo un coste de 19 millones de pesetas.

Con la apertura del Tanque ofertamos un espacio cultural muy diferente a lo habitual, tanto en su concepción, como en su tamaño.

Todas las ideas artísticas que se han desarrollado en el Tanque han cambiado la actitud inicial tanto del creador como del espectador, que intervienen activamente en el proceso dentro de la máxima libertad individual. En el Tanque puedes moverte como quieras.

Así pues el Tanque pasó a ser un paraje de arqueología industrial convertido en espacio cultural, un ejemplo más de Reciclaje industrial como el caso del Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, la sala de exposiciones e instalaciones del Tinglado 2 de Tarragona, el posterior Matadero de Madrid, el Centro de Arte Le Magasín de Grenoble o la ampliación de la Tate Galery a la Tate Modern en una antigua fábrica de electricidad.

El proyecto se apoya en el mantenimiento del aspecto original (tanto exterior como interior) del antiguo depósito. En el interior sólo se realizó una limpieza exhaustiva y se eliminaron unos calentadores, queriendo remarcar así su aspecto de “templo”, más que el de un instrumento caduco.

Lo han definido como una “catedral [de planta centralizada]del Siglo XXI”, a lo que podríamos añadir, el parecido al deambulatorio o girola de ésta (ese lugar donde reside la parte más importante de la ceremonia), dado la flexibilidad y armonía que emana de este “espacio único”.

Es una gran extensión limitada que lo convierte en un caso ideal de espacialidad de estructura interna, que facilita la clara orientación de los visitantes en el interior, aunque paradójicamente parezca un desmesurado laberinto de pilares (50) –tramoya escenográfica-.

Así, en el interior se crea una atmósfera particular, tensa a la vez que serena, eso sí, siempre misteriosa y perturbadora. Al exterior irradia majestuosidad y omnipotencia, despertando curiosidad y desasosiego en el espectador.

La sencilla intervención realizada a este “gran dormido” ha ejercido de complemento, sin perturbar su imagen básica y por lo tanto, incidiendo en las proporciones volumétricas. Esta actuación se fundamentó en la construcción de un vestíbulo semienterrado de hormigón, pequeños aseos públicos y punto de información, donde se aprovecharon los muros de piedra existentes, tanto del basamento del depósito como el de separación de parcelas.

Desde aquí arranca una ligera pendiente que nos lleva a la rampa de acceso que se encuentra bajo las entrañas del antiguo contenedor. Así el entrar se convierte en mágico ya que se estrecha el pasillo de entrada hasta que de repente encuentras el enorme espacio interior de hierro de 20 metros de altura.

Existe una interesante y pormenorizada descripción arquitectónica realizada por Farshid Moussavi y Alejandro Zaera-Polo la cual cito a continuación:

“[...] La actuación más relevante se relaciona directamente con la necesidad de proporcionar un acceso y unos servicios a la sala, de cincuenta metros de diámetro y dieciocho de altura; razones evidentes de conservación de la extremada nitidez espacial del antiguo artefacto industrial cuya rehabilitación se propone, aconsejan desplazar aquellos elementos fuera del volumen principal del antiguo tanque; esta pequeña construcción, que ocupará el espacio residual comprendido entre la envolvente cilíndrica exterior y una de las calles interiores de la antigua residencia, resuelve su cubierta mediante azotea plana, coincidente con el nivel de la base de asentamiento del tanque.

El conjunto se complementa con una plaza exterior de ingreso, que se dispone en el interior de los muros de otro antiguo tanque de la refinería, demolido, situado junto al definitivamente recuperado. El pavimento de este espacio exterior de entrada es de lapilli rojo volcánico compactado, de cuya superficie sobresale la primitiva cimentación [En esta explanada se ubica un antiguo fínger –encontrado en un desguace cercano, utilizado con anterioridad en la antigua estación de Jet-Foil del Muelle Sur- que salva el desnivel con la calle colindante, auspiciando “la incursión en un lugar mágico”, al igual que la pequeña intervención realizada].

La cota de entrada al tanque se sitúa cuatro metros por debajo del pavimento interior del tanque. Una puerta pivotante de acero [cortén] de cinco metros de anchura facilita el acceso a un pequeño edificio desarrollado en rampa, en cuyo interior se sitúan un punto de información, una sala polivalente y los [pequeños] servicios sanitarios. La suave rampa del pavimento, junto con el techo y paredes laterales, configuran un espacio de acusa perspectiva, que proporcionan una gran profundidad visual a este espacio de acceso; desde este ámbito de entrada se accede directamente a la puerta practicada bajo la cimentación del antiguo tanque, produciéndose un espacio de altura reducida que provoca un efecto de presión sobre el visitante, previo a su definitiva entrada al interior del tanque, que se realiza a través de una segunda rampa de acero [también de la clase cortén; el acceso actúa “como un recorrido iniciático de preparación para el acceso al monumental espacio interior.

La traducción de esas funciones en términos gráficos se consigue a partir de la creación de tres elementos cuadrados, que representan: un croquis de localización del lugar, una fotografía del depósito y un logo afianzando el nombre y uso del nuevo espacio. Estos símbolos serán una constante en el diseño de la línea, variando su ubicación en ella según necesidades compositivas. La referencia visual a cada espectáculo específico se resuelve por medio de la inserción de una fotografía alusiva al evento, acentuando la función de reclamo.

El empleo del negro como fondo de la composición responde a la presencia dominante y rotunda de la oscuridad en el interior del bidón de crudo, en el que el efecto de la luz sobre la forma imprime un carácter teatral. El uso del color constituye una parte importante en la estética de la línea gráfica de “El Tanque”. Las imágenes fotográficas son siempre tratadas empleando un bitono de negro más un color que varía en cada nuevo evento.

Un espacio no convencional concede al diseñador una cierta flexibilidad, traducible en el uso de formas no habituales; el formato escogido para el cartel responde a esta licencia: una forma casi cuadrada de 48 x 52 cms. Una tipografía de palo seco, la helvética black, otorga un carácter conciso y contundente a la presencia tipográfica [...].

El tratamiento brutalista de los materiales de acabado de estos espacios de ingreso, hormigón y mampostería, acentúan el carácter ritual de este recorrido de acceso al monumental espacio interior del tanque rehabilitado.

Los materiales y los elementos constructivos utilizados en la construcción de la nueva planta son el hormigón y fragmentos de chapas [de 40 mm. de un antiguo tanque, similar al rehabilitado] y tubos metálicos procedentes del desguace de la refinería [elementos reutilizados]. La piel interior del tanque ha sido simplemente arenada pintada [se aplicó el chorro de arena].

Los requerimientos de ventilación derivados de los nuevos usos propuestos para la antigua instalación industrial se resuelven de forma natural, potenciando un efecto de tiraje entre los orificios practicados en la cubierta superior y los tubos cubiertos en su parte baja perimetral; las corrientes de convección generadas por esta doble serie de perforaciones, con las consecuentes ascendentes de aire caliente deben mostrarse suficientes para la renovación del aire en el interior del tanque”.

Conseguimos hacer compatible la forma con las performances, lo efectivo con lo afectivo y la razón con la imaginación. Solo por eso ya valió la pena. Y lo hicimos a finales de un siglo que había nacido con ruidosas toneladas de producción industrial, con turbinas, altos hornos u producciones en cadena, y que fue dando paso poco a poco a la sigilosa Internet, a las comunicaciones de vértigo y a los fríos y distantes satélites espaciales. El Tanque es hoy patrimonio de una época que tampoco conviene olvidar.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Como contenedor, estupendo, ¿pero en cuanto a los contenidos, dirías que marcó un hito?

Dulce Xerach dijo...

si, los primeros años sí.

Domingo Valido dijo...

Antes de nada, felicitarte y agradecerte como ciudadano de Santa Cruz por participar en la idea de recuperar El Tanque y transformarlo en un espacio cultural diferente, especial, un espacio que por si solo ya es parte de la cultura y la historia de Santa Cruz.
Al igual que tu, no entiendo porque tantos detractores para esta idea, quizás porque es una muy buena idea, porque es una idea de verdad, en la que se explotan las virtudes que ofrece un elemento, sin necesidad de hacer inversiones millonarias para que sea operativo. Con 20 millones de euros para gastar, todos podemos llegar a tener buenas ideas, pero hacer algo igual de brillante con recursos económicos limitados es lo admirable, lo difícil.

He estado en El Tanque, en varias ocasiones, y es un lugar que sorprende gratamente, un espacio que transmite, un entorno especial, que desde mi punto de vista está infravalorado e injustamente criticado.

Suelo frecuentar la zona donde se encuentra, y a lo largo del tiempo he visto la evolución del "edificio" y he palpado las críticas de los ciudadanos que conviven con él. He de decirte que no tiene buena crítica en la zona, pero también es cierto que al preguntar ¿has estado dentro?, la respuesta siempre ha sido, no.

Desde aquí quiero aprovechar para hacer una crítica constructiva, unas propuestas de mejora para este espacio que goza de una injusta mala fama.

1. Mantenimiento.
Uno de los principales problemas de aceptación por el pueblo (todo esto desde mi punto de vista, que puede ser más o menos acertado y desde lo que he escucho a los vecinos de la zona) es que el Tanque tiene la mayoría del tiempo un aspecto deteriorado, de abandono. En sus alrededores se amontona basura, crecen malas hierbas, hacen acto de presencia los "graffiteros chapuceros" (te invito a que leas un post publicado en mi blog que habla precisamente sobre El Tanque y sus graffities, entornosantacruz.blogspot.com). Por otro lado hace unos meses se instalaron unos focos para iluminar El Tanque y sus alrededores, pero están encendidos de día y apagados de noche (lo digo con conocimiento de causa porque paso por allí casi a diario). En las semanas previas a un evento, se limpia y acondiciona, eso es cierto, pero la imagen global es de un espacio en cierto abandono. Creo que es necesario que El Tanque de imagen de que está vivo, con un buen mantenimiento, una buena iluminación y sobre todo, con un buen cartel.

Domingo Valido dijo...

2. Distancia al ciudadano.
Está a 50 metros de grandes edificios de viviendas, plagados de potenciales visitantes de este espacio cultural, pero la gran mayoría de ellos lo ve como un antiguo depósito de la refinería pintado de gris, ni mas ni menos, no les dice nada. Creo que es necesario acercar el espacio al ciudadano, haciendo actividades para todos, haciendo un espacio abierto que invite a ser visitado. Recientemente se ha colocado un vallado perimetral que impide el acceso a la zona, un error desde mi punto de vista. Sin ir mas lejos, en el TEA vemos cual es la manera perfecta para acercar un espacio a las personas, hacer que circulen a través de él por una vía peatonal que lo atraviesa, todo lo contrario a la solución adoptada en El Tanque. Por otro lado, El Tanque se encuentra en una parcela con una gran zona libre exterior que ahora mismo está desaprovechada, en la cual se podría hacer una especie de "parque cultural", una espacio exterior de libre acceso, para grandes y pequeños, con zonas lúdicas para niños (el parque para niños más próximo está en la plaza de España), unos cómodos bancos donde sentarse a leer al aire libre, una zona wifi exterior como tienen muchas ciudades españolas, un "zócalo del graffitie" (+info en entornosantacruz.blogspot.com) que sea un punto de referencia de la cultura del graffitie... En resumen, hacer que un vecino de la zona en lugar de decir "a ver si tiran ese depósito de una vez" diga "nos vemos esta tarde en El Tanque con los niños?".

3. Variedad del cartel.
Desde mi punto de vista, la serie de actividades que se desarrollan en El Tanque, se adaptan a un cierto tipo de público, a gente abierta a conocer y experimentar, a gente sin demasiados prejuicios a lo nuevo, a lo diferente. Pero claro, por suerte o desgracia no todos somos iguales, y creo que sería buena opción abrir más el abanico, intentando llegar a más puntos de vista, criterios y gustos.

Y para finalizar, que conste que soy un defensor de El Tanque, para mi es una genial propuesta, pero creo que necesita una vuelta de tuerca para callar a muchos y terminar de convencer a otros tantos.

Un saludo.