Share It

sábado, 20 de septiembre de 2014

El riesgo de hablar y el miedo a lo Robespierre: Sobre la sentencia del Mamotreto otra vez.

Personalmente he tenido mucha suerte, pues después de 16 años en política me he ido sin ningún problema judicial. Han sido años duros pero además de dedicar muchas horas y mucho trabajo a intentar hacerlo bien, he tenido suerte. Otros compañeros que entraron en política con la misma intención sincera de prestar un servicio a la sociedad han salido peor parados. No puedo dejar de sorprenderme día tras día ante el silencio total y absoluto de toda la sociedad frente a la injusta sentencia sobre la playa de las Teresitas y el Mamotreto. Es como si toda la sociedad de Santa Cruz se hubiera confabulado para callar a pesar de la honda conmoción que ha causado en muchos de nosotros. En el antiguo código de Santa Cruz de comienzos de la democracia estas cosas no hubieran ocurrido y voces más fuertes que la mía se habrían alzado y concienzudamente toda la sociedad habría combatido con coherencia, acción y decisión por una justicia mejor.

Pero la moral de estas primeras décadas del siglo XXI está siendo muy diferente, y prima el silencio sobre la posibilidad de decir crudas palabras que puedan ofender a alguna jueza o a alguna fiscal de inofensivo aspecto pero capaces de actuar como conspiradoras al servicio de un descabellado fin: acabar con políticos elegidos democrática y libremente por la población a través de la destrucción de su reputación utilizando, con un estilo más vil que el de Robespierre, la herramienta de la justicia.

Así, y con estas terribles premisas, ha ganado la nueva fuerza dominante, el interés tergiversador, el deseo irrefrenable de acabar a toda costa con unas personas, con una idea, un proyecto, una imagen, una ilusión política y democrática. Ha ganado la avidez de ahogar hasta la más absoluta ruina al menos a unos cuantos de  los que intervinieron en el proyecto, a los más simbólicos, y a otros que simplemente tuvieron la mala suerte de pasar por allí en el momento inapropiado.

En este caso, el bando de Robespierre consiguió aliarse, constituir una fuerza poderosa, a la que de alguna forma estamos voluntariamente sometidos por un miedo estúpido, por un temor reverencial, con la estúpida convicción aceptada de cara afuera, de que sin su presencia soberana -la de la Justicia- se produciría el caos de la mano y conducta de la debilidad propia del ser humano.

Pero la debilidad no está ahí. El problema está en nuestro miedo, está en la propia temerosa debilidad de los que deben actuar como contrapunto y defender la inocencia de los acusados y no lo hacen, cuando por lo menos deberíamos preguntarnos por qué tenemos a este sistema, que es tan imperfecto como la propia sociedad, y que a veces no es capaz de impartir la justicia y no hacemos nada por que cambie. ¿Por qué callamos ante la evidencia de tantos errores?

Ahora parece que la democracia consiste en lo contrario de los principios democráticos originales, ahora parece que son los fiscales y jueces los que tienen el derecho humano -y parece que hasta divino, cuando te dejas impresionar-, para poner orden en las cosas y para castigar. 

¿Cómo hemos podido llegar hasta donde estamos? ¿Cómo se ha ido urdiendo toda esta trama -la única trama real en esta absurda historia de Las Teresitas-?


Pues es aparentemente muy fácil: porque claro, siempre hay algún enemigo que espera, siempre hay quien sabe estar en esta situación, conducir en el proceso, llegar a su fin… con independencia de la realidad de los hechos y de la imputabilidad realmente aplicable.

Entonces se traza una estrategia y comienza a ponerse lentamente en marcha: se constituye una asociación. Se presenta una denuncia… curiosamente hasta puede preceder a que lo denunciado se haya producido..

Luego se elabora la historia de los hechos… se novela una posible trama inventada, se le da forma jurídica, se dejan fuera piezas significativas a las que no se quiere perjudicar, pero que han intervenido necesaria y decisivamente… y esta historia novelada, que se elabora modificando los hechos y circunstancias en el tiempo  en función de su encaje para mejorar el sentido del relato que se desea, interpretando, con la libertad propia de un escritor de ficción, los hechos reales en los que parece basarse hasta desfigurarlos cambiando una cosa por otra… cambiando su verdadero significado…

Luego se aportan unos peritos con la formación “precisa” y necesaria en esa ocasión, en este caso formación en urbanismo, para informar dispuestos a ensuciarse las manos por nada, hasta que, poco a poco, con el paso de los meses, las noticias a medias, los titulares tergiversados, lo que es una cosa se convierte en otra.

Los hechos se representan y bordan por encima de la precisión y el conocimiento científico, mientras la interpretación correcta es despreciada porque no importa, lo que importa es que la trama se sostenga, que nos mantenga en ascuas.

Si hay que buscar un móvil, pues este está en “nuestra convicción”, la de la juez, y esa convicción le permite culpar o exculpar desde ella, sin necesidad de ninguna argumentación probatoria, sin necesidad de ninguna evidencia. Con total injusticia y una asombrosa capacidad impulsiva y desorbitada de imponer sus tesis para cumplir con sus metas,-en el uso de la justicia-, sus propias metas regeneradoras, expresadas ya reiteradamente y cada vez de forma más vehemente y desproporcionada, promovida e impulsada por una fuerza vital que parece iluminar una suerte de misión redentora.

Lo peor no es que nos tropecemos en la vida con alquilen así, que no es la primera vez en la historia que sucede, lo peor es nuestro silencio (sí, el nuestro, el de tantos abogados, notarios, procuradores, los buenos políticos, los alcaldes y concejales actuales implicados, los técnicos y académicos que comentamos por las esquinas la injusticia que supone esta sentencia, meneando la cabeza como si no pudiéramos hacer nada más que lamentarnos), lo peor es que esta absurda situación no tiene el contrapunto necesario en la ponderación y objetividad, no existe en la misma el respeto necesario a los derechos básicos a la presunción de inocencia, a la evaluación correcta y ponderada de las pruebas, a su análisis y contraste de manera que permita resoluciones justas. Eso es lo peor. 

Ese silencio nuestro es el que permite que las sentencias que se van sucediendo, los procesos que van caminando,  solamente respondan a los deseos y afán desmesurado de ganar, de victoria, sin detenerse un instante a pensar en el juramento que hicieron de defender la verdad y la justicia, comportándose con la misma deslealtad a la democracia que cualquiera que falle a la misma en otras circunstancias, permitiendo así que se pierda el sentido de justicia. No importan las víctimas, no importa nada, solo ganar.

SI UN ARQUITECTO PUEDE HACER UN AEROPUERTO... TAMBIÉN PUEDE HACER UN PUERTO.




Tengan aquí un adelanto de lo que mañana se publicará en mi colaboración semanal con las páginas culturales de El Día en las que trato abordar cuestiones ligadas con la arquitectura desde una perspectiva diferente a la crítica arquitectónica para la que aun no me siento capacitada, pero si me siento con fuerzas para intentar llegar al corazón de todos los que tienen algo que hacer o decir para que los lugares donde vivimos sean mejores y funcionen mejor.  Nos los merecemos todos. 

Así que, adelantándome a mañana, donde recordaré una de las grandes ideas (ahora olvidadas por sus sucesores) de mi maestro Adán Martín, quisiera enseñarles aquí algunos de los aeropuertos diseñados por arquitectos que últimamente me han llamado la atención.

Mestia Airport by J. Mayer H.
This airport building located in the medieval town of Mestia, Georgia is much smaller than the one in Kutaisi, but was remarkably designed and constructed within 3 months.


The structure comprises two branches that curve up towards the sky and serves the local ski resort. Both terminals were built as part of a major regeneration project in Georgia, which is investing in architecture to rebrand itself.



Berlin architects J. Mayer H. have completed this airport building in the medieval mountain town of Mestia, Georgia.


 Otro aeropuerto con un proyecto que tiene en cuenta su paisaje es este proyectado para el Círculo Polar Ártico.
Architects Narud Stokke Wiig of Norway and Haptic of London have completed a feasibility study for a new international airport just outside the Arctic Circle in Norway.




The design takes its inspiration from a nearby mountain range and the local vernacular architecture.









jueves, 18 de septiembre de 2014

¿Incongruencia o perseverancia?


Siempre perseverancia, piensen lo que quieran pensar los demás. Uno tiene que intentar hacer lo que cree que tiene que hacer e intentar hacerlo lo mejor posible.

Por eso creo que no hay incongruencia cuando una se queja de una mala convocatoria de un concurso para un proyecto de arquitectura e ingeniería (pues tanto monta-monta tanto) pero finalmente se presenta a ella porque si no se presentara estaría permitiendo que las cosas siguieran basadas eternamente en malas convocatorias que a su vez están basadas en creencias equivocadas, normalmente asociadas con una estrecha capacidad de miras, o en una mirada cómoda que nunca les saca (a los convocantes) de su zona de confort.

Intentar hacer bien lo que hay que hacer, esa fue la gran lección que aprendí de Adán Martín, mi maestro y es algo que intento no olvidar en ningún caso, lo tengo en cuenta en cada decisión por difícil que resulte.

So...


miércoles, 20 de agosto de 2014

¿Como conservar la propia libertad? En relación con ciertas batallas públicas.

PAUL AUSTER: “ADMIRO A QUIENES TIENEN EL VALOR DE CAMBIAR DE OPINIÓN”



¿Cómo conservar la propia libertad? 

Es una pregunta recurrente, supongo que todos los seres humanos nos la hacemos alguna vez. Para mi es una pregunta constante ante cualquier decisión a tomar. Por ejemplo, ante cualquier post crítico que podría escribir en este blog me la planteo.

Al final, desgraciadamente en parte, y afortunadamente en otra, llego a la misma conclusión: si no quiero esclavizar mi propia capacidad de apreciación de la realidad, si no puedo tener mi propia independencia crítica ¿para qué vale todo lo demás? 

Sé que es caro, que no conduce a otra cosa que a problemas, pero no sé por qué hasta ahora no he podido evitarlo, prefiero conservar mi libertad moral, poder participar libremente en conversaciones, debates o problemas sin comprometer más opiniones que la mía propia, respirar el aire de las ideas sigue siendo para mi más importante que simplemente respirar por el hecho de respirar.

Supongo que por eso, y a pesar de las dificultades, de la crisis, y de los abusos, jamás he lamentado haber abandonado la política, porque al fin y al cabo, ahora la política, últimamente, quizá los últimos 7 u 8 años ya no es lo que fue en mi país, ahora la política, cuando uno se dedica a ella es una forma de autoabdicación, uno no tiene derecho sino a defender las ideas del partido, pero no a ser libre.

Es cierto que eso me hace más pobre económicamente, no porque en la política se cobre más, sino porque al ser libre se me cierran más puertas. Es muy triste comprobar que justo esta libertad y las cualidades que se le suponen alrededor, son, aquí al menos, el obstáculo más seguro contra el éxito. Sé que cualquier cosa que diga (escriba en este caso) sobre asuntos espinosos va a ser tomada en mi contra e interpretada de la forma más burda, como algo "malo" para el partido, para la empresa o para la organización a la que sea que pertenezca o me refiera.

Algunas veces, tanto amigos como enemigos (políticos) me dicen que por qué me embarco en guerras como las de salvar el Espacio Cultural El Tanque o el Mamotreto o la sala de arte contemporáneo del Museo de Bellas Artes, o, ahora el Puerto del Puerto de la Cruz en lugar de ser más callada y obediente, o más conformista. Que no crean que yo no me lo planteo. No sé resguardarme tan bien como otros que consiguen caer bien a todos. A veces me digo que ojalá no hubiera sabido nada de esas cuestiones que he mencionado, como no conozco tantas otras con las que no me involucro, pero ese ojalá es estúpido porque la realidad es que sí las conozco, y, por mucho que a veces me enfade conmigo misma por involucrarme tanto, una vez que tengo una propia opinión crítica, que intento siempre fundamentar con otras opiniones técnicas, entonces ya me resulta tan difícil olvidarlo, me resulta tan imposible darles la espalda ¿cómo lo hacen quienes lo consiguen me pregunto? ¿cómo consiguen que no les importe? ¿cómo no involucrarse tanto?

A veces me gustaría olvidar, como en el caso del Puerto del Puerto, pero no puedo, por más que lo intento no puedo. ¿Por qué? Por tantas razones. La razón más general es una que cojo prestada del filósofo Fernando Savater: "“en una democracia políticos somos todos y tenemos que intervenir, buscar los cauces para hacerlo”. Pero sobre todo y la más importante, solo en este caso concreto del Puerto, aunque haya alguien que no me crea, es porque la opción más probable que existe hoy por hoy sobre la mesa es demasiado mala para el Puerto (puedo poner mil puntos a este ¿por qué? que se me podría preguntar, pero este post no es el momento). Y como es mala y aún se puede evitar, por eso protesto, lucho, busco caminos. Si fuera buena para el Puerto, a pesar de los problemas del expediente, legales y administrativos, y de todo lo que ha pasado, lo olvidaría, no podría luchar nunca contra una buena idea, pero la que hay es tan anodina que no puedo evitar intentar, con las pocas fuerzas que tengo, que se cambie y se mejore. 

Esto -lo sé- me convierte en polémica, controvertida, demasiado abierta siempre al combate dialéctico, a decir mis verdades pese a quien le pese, y por ello peligrosa (mejor cerrar las puertas y las ventanas) todo ello a pesar de que tengo que reconocer estar un poco cansada de mi imagen pública, de esa irremediable necesidad de discutir, porque es una imagen parcial, pero me persigue como si fuera un todo, siempre, y eso es terrible. Pero, por alguna razón que no alcanzo a entender no puedo evitar que la mía sea una ética, o una filosofía, no sé muy bien como decirlo, de la acción. Lo que me ha interesado siempre son los motivos y los valores de la acción, no protestar por protestar, no destruir por destruir, sino construir, pero construir lo bueno, hacer las cosas que hay que hacer de la mejor manera posible (algo que deje huella, como el Tea, o el Magma, o el Auditorio, o tantas cosas que sí hemos hecho bien como sociedad). O al menos intentarlo.¿Por qué no intentarlo si aún se puede evitar la comisión de un grave error?

¿Qué otras alternativas tengo?

viernes, 8 de agosto de 2014

El lado oscuro de las ciudades también brilla.

Contribuir desde las páginas de este periódico a la comunicación sobre arquitectura, comportamientos y modelos de desarrollo sostenible, y a crear una cultura socio ambiental que sea mejor cada día me lleva a escribir sobre los paisajes arquitectónicos de la novela negra.

El lado oscuro de las ciudades aparece reflejado en la literatura criminal de maneras muy diversas y casi siempre de manera realista, lo que refleja el afán de documentación sobre la realidad que muchos de los escritores de novela negra realizan con rigor.

Podríamos hablar en detalle de múltiples novelas y ciudades, como Mitología de Nueva York, de Vanessa Montfort, Donostia de Jon Lauko, Estocolmo en la novela Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson, las ciudades de Paris y Grasse de El Perfume de Patrick Süskind o La ciudad de La Laguna de Mariano Gambín. Empecemos por la Suecia de Maj Sjöwall y Per Wahlöö y comparémsla con la Suecia de ahora, donde la arquitectura contemporánea de calidad acompaña a la mejora y diversidad de todos los índices del país.
Cuando Maj Sjöwall y Per Wahlöö nos describen la Suecia de los años 60 y 70 en sus novelas sobre el detective Martin Beck podemos ver una Suecia desconocida para los europeos del sur, pero por otro lado, un reflejo de gran parte de nuestros problemas de hoy día en España, Italia, Grecia.

Maj Sjöwall y Per Wahlöö describen por ejemplo, cuando En 1967, se cometen una serie de asesinatos donde las víctimas son niñas. El  caso surge justo en medio de otro caso de menor entidad pero que estaba preocupando a la población sobremanera, el caso de un ladrón que atacaba de forma violenta a sus víctimas en los parques públicos de la ciudad. 

Estos escritores suecos siempre se caracterizaron por denunciar la pasividad de la sociedad sueca en la que vivían. Describen escenas burguesas que nos dejan el reflejo de una sociedad a la que no parece importarle mucho lo que le ocurra al otro.

En una de sus novelas, Asesinato en el Savoy (1970)  la historia que cuentan se convierte en un pretexto claro para la crítica evidente de una sociedad sueca desgastada por el crimen. Su trama excelente sobre la corrupción y la brutalidad policial de la sociedad sueca de la época de los setenta nos enseña la vertiente más amoral de una sociedad en descomposición.

Suelto: Las novelas son una forma brillante de denunciar las injusticias sociales y el lado oscuro de las ciudades

Sus novelas son una forma brillante de denunciar las injusticias sociales y el lado oscuro de las ciudades sin olvidar la trama policíaca. Todo esto me lleva a analizar la Suecia de ahora y entonces nos encontramos con que los indicadores sociales nos muestran un país que parece haber superado esa crisis de los 70 ¿en qué medida es cierto y qué medida no lo es puede ser interesante de cara a saber qué puede pasar en países como España, Italia o Grecia? Veamos un dato relevante: tan solo un 7’9% de paro en la actualidad. ¿Cuánto daríamos en España por una cifra así?

Esta recuperación va acompañada por numerosas apuestas por la arquitectura contemporánea de calidad, entre las que destaco una, el frente marítimo, que tanta relación tiene con tantas y tantas novelas negras, ya que en los puertos y las zonas portuarias ocurren innumerables crímenes.



Este edificio, el Stockholm Waterfront Congress Centre, de White arkitekter, está diseñado con soluciones flexibles y tecnología avanzada que ofrecen enormes posibilidades para crear el lugar perfecto.  En el corazón de Estocolmo, junto a la estación centra y a lo largo de la bahía de Riddarfjären, la estructura de capas y la ondulación de las mismas así como su brillo crean una emocionante vista del horizonte, el centro histórico y el nuevo distrito de negocios cada vez más dinámico. Quizás en Tenerife tenemos algo que aprender de nuestros vecinos suecos ¿no creen? Es un país pequeño que ha logrado ser muy competitivo y más amable con sus ciudadanos.