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sábado, 19 de julio de 2014

¿Qué podemos hacer para hacer más comprensible la distinción entre buena y mala arquitectura? Tal vez seguir los consejos de Mies.

DIRECTRICES PARA LA ENSEÑANZA DE LA ARQUITECTURA (Mies van der Rohe)

La enseñanza impartida por el departamento de arquitectura tiene por objetivo transmitir los conocimientos y las capacidades necesarias para formar arquitectos, pero educándolos al mismo tiempo como personas capaces de hacer un uso justo de los conocimientos y saberes adquiridos. Por lo tanto, la enseñanza apunta a fines concretos, mientras la educación lo hace a valores espirituales. El sentido de la educación es formar y comprometer y, a la falta de compromiso del saber tecnológico, ha de oponer el compromiso de la ideología y guiar a los alumnos desde el campo de la casualidad y la arbitrariedad hasta la clara regularidad de un orden espiritual. La arquitectura aún está arraigada, con sus formas más sencillas, en la funcionalidad, a pesar que alcanza, a través de todos los niveles de valores, hasta el ámbito más elevado de la existencia espiritual, la esfera del arte. De esta visión ha de partir cualquier enseñanza de arquitectura. Paso a paso ha de aclarar aquello que es posible, aquello que es necesario y aquello que tiene sentido. Por esto, las diferentes materias están tan ligadas entre sí en todos los niveles, formando un orden orgánico, que siempre permita a los estudiantes conocer y trabajar simultáneamente en todos los campos de la arquitectura y en todas sus interconexiones.
Los estudiantes, en paralelo a su formación científica, han de aprender primero a dibujar para dominar los medios técnicos de expresión y educar el ojo y la mano. Mediante los ejercicios adecuados se les ha de transmitir una sensibilidad frente a las proporciones, la estructura, la forma y los materiales y revelarles sus relaciones y posibilidades expresivas. Los estudiantes han de familiarizarse, a continuación con los materiales y métodos constructivos de las sencillas construcciones de madera, piedra  y ladrillo y finalmente con las posibilidades constructivas del acero y el hormigón armado. Simultáneamente han de aprender la causalidad significativa de estos elementos de la construcción y su expresión formal inmediata.

Todo material, independientemente de que sea natural o sintético, posee propiedades específicas, que se han de conocer para poder trabajar con ellos. Los nuevos materiales y métodos de construcción no aseguran por sí solos una superioridad. Lo decisivo es saber emplearlos correctamente. Un material sólo vale aquello que sabemos hacer con él. Al conocimiento de los materiales y métodos de construcción se le añade el de los fines. Estos se han de analizar con claridad para identificar su contenido. Se ha de aclarar por qué y en qué se diferencia una tarea arquitectónica de otra; en qué consiste su verdadera esencia.

La introducción a los problemas del urbanismo ha de transmitir sus fundamentos y la vinculación entre todas las obras e ilustrar su relación con el organismo urbano.

Por último, y como síntesis de toda la enseñanza, se realiza una introducción a los fundamentos artísticos de la arquitectura, a la esencia de los aspectos artísticos, la aplicación de sus medios y su empleo en la construcción. Además, se ha de ilustrar también la situación espiritual de nuestra época, de la que dependemos. Se ha de analizar en qué concuerda nuestra época con las anteriores y en qué se diferencia desde un punto de vista material y espiritual. Por consiguiente, también se han de estudiar los edificios del pasado y transmitir una visión viva de ellos. No sólo para conseguir una escala arquitectónica a través de su grandeza e importancia, sino también porque están unidos a una determinada e irrepetible situación histórica y, por ello, nos obligan a realizar nuestras propias creaciones.

Título original: “Leitgedanken zur Erziehunug in der Baukunst”, publicado en el libro de Werner Blase, Mies van der Rohe, Die Kust der Struktur (Mies van der Rohe, el arte de la estructura), Zurich, 1965