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jueves, 11 de febrero de 2010

Para entender por donde van -o deberían ir- las políticas culturales de hoy


En los últimos años el tercer sector ( las asociaciones y fundaciones culturales sin ánimo de lucro, como el Circulo de Bellas Artes, la Fundación Pedro García Cabrera o la Asociación de Amigos del Espacio Cultural El Tanque, a modo de ejemplos ) ha ganado importancia en las comunicaciones y políticas de la Unión Europea, y existe un interés político creciente en el análisis de sus diferentes impactos económicos que empuja hacia una postura más activa del tercer sector en el diseño de las políticas públicas.

“El crecimiento y la fuerza de las entidades y de los agentes del tercer sector es particularmente importante para el desarrollo de la cultura. Ellos promocionan el destacado principio de la democratización de la cultura, que implica participación activa en su formación por individuos con iniciativas. Estas instituciones disminuyen la desproporción en el acceso de las personas a la cultura a través de los derechos de los grupos marginados. Finalmente, estas instituciones usan diferentes fuentes de financiación, tanto públicas como privadas, en el mismo tiempo y crean más oportunidades para proyectos culturales atípicos” ( D. Ilczuk,2001,Cultural Citizenship.Civil Society and Cultural Policy in Europe.Boekman Studies ).

La Comisión mundial sobre cultura y desarrollo ( 1995 ) destacó la necesidad de encontrar nuevas formas para reunir recursos e incrementar el impacto económico y social de las artes creativas. Y es cada vez más evidente el atractivo que la cultura  puede tener para otros sectores como el turismo, el comercio, educación, etc, como recuerda la profesora Annamari Laaksonen en Gestión Cultural en el tercer sector no lucrativo (UOC).

Por otro lado Sueño e identidades, un informe de un grupo de expertos europeos sobre Cultura y Desarrollo para el Consejo de Europa de 1997 destaca la relación entre cultura y tercer sector, y denota que, a veces, la acción de voluntariado puede ser más apropiada para la acción cultural que la acción de los gobiernos.

El informe destaca también que el tercer sector “se convierte en un socio verdadero en la implementación de las políticas culturales estables y que la importancia del tercer sector se debe también al hecho de que “las políticas culturales se están moviendo del elitismo hacia el apoyo, hacia nuevas formas de arte y de público”, apuntando además la importancia económica creciente de las actividades culturales, así como también la importancia de los niveles locales y regionales en el diseño e implementación de las políticas culturales.

4 comentarios:

tinerfeño azul dijo...

No creo que Angelita Mena entienda esto que comentas.Está en otra dimensión.¿A quién se le ocurrió de tu partido nombrarla concejal de currrrtura?Jesús que bajo han llegado algunos.

Versus dijo...

Querida Dulce, es muy interesante el tema que apuntas porque es muy actual, pero yo quisiera aportar algún dato de interés que suele olvidarse cuando se habla de estos temas. Y es la situación del artista respecto a todo esto. Es el creador el que da, en muchos casos, los contenidos definitivos a la cultura y es el peor parado cuando toma contacto con estas instituciones, puesto que la intención de éstas no es la de proporcionar sólo el espacio o las herramientas necesarias, sino la de dirigir o censurar en la mayoría de los casos el trabajo del artista. Lo que muchas veces piensa el político cultural es que a través de estas organizaciones del tercer sector se pueden, a su vez, dirigir una buena parte de las políticas culturales y marcar líneas de acción que llegan a ser temáticas, de contenido, incluso, y por las que necesariamente muchos creadores tienen que pasar para sobrevivir. Pero claro, si estas líneas o políticas culturales sólo constituyeran hoy en día una parte, sería una opción, pero el problema es cuando ya todas las opciones artísticas tienen que pasar por estos filtros. Lo que quiero decir es que el excesivo intervencionismo de los gestores, comisarios o políticos, de los mediadores en general, en el trabajo artístico, resulta muy dañino y a veces muy peligroso para el libre trabajo y evolución de los creadores. Creo que las políticas culturales deberían ofertar convocatorias u oportunidades amplias y no tan dirigidas como lo son ahora. Y digo esto, no porque no pueda existir un trabajo al margen, pero cada vez es más difícil estar al margen en determinadas disciplinas artísticas, puesto que los espacios y los apoyos económicos que se dan, necesarios para llevar a cabo determinadas obras imposibles de costearse individualmente, pues están muy condicionados a temas u otras cuestiones que interesan poco o nada. Si de verdad se quiere ayudar al creador (uno de los pilares básicos de la cultura), hay que frenar este intervencionismo tan destructivo. Churchill dijo en cierta ocasión algo que me interesa mucho y es que los políticos (amplío la nómina a gestores, comisarios, curatores, etc.) deben pensar en ser útiles y no importantes.
Un abrazo grande.

Empresaria sector cultural dijo...

Eso, tenemos que frenar el intervencionismo destructivo pero¿cómo podemos hacerlo?

Versus dijo...

Estimada empresaria cultural, lo primero que se debería hacer para frenar este tipo de intervencionismo dañino es crear un marco jurídico, donde se protega el trabajo libre del autor, de una manera expresa y detallada, así como marcar los límites de actuación política y de gestión cultural con este claro objetivo. De tal manera, que lo que se aleje de esta idea, se entienda como algo ilegal. Y en segundo lugar, que quienes realizan la tarea de elegir los trabajos se ciñan a estas premisas y no tanto a sus necesidades o intereses personales, que, en realidad, importan bien poco. Lo que quiero decir es que este no es un problema banal, sino muy grave, puesto que si se controlan los contenidos a través de las convocatorias, se está controlando considerablemente el discurso del artista. Por eso, en muchos casos, hasta los mismos artistas de Canarias se autolimitan porque saben que si tratan determinados temas no van a tener espacios donde exponer. A mí esto me parece muy grave. Y está sucediendo. A mí me parece un caso de censura encubierta. El resultado es que hoy en día, en nuestras mejores salas de arte no existen trabajos de artistas canarios realmente con un contenido crítico importante, sino más bien lo contrario. Con lo cual, el panorama es bastante descafeinado, en realidad. O priman los criterios de este tipo intervencionista o la supuesta rentabilidad, que también es otro tipo de censura ya del propio sistema económico. Y los criterios de rentabilidad, en muchos casos, anulan por sí solos los impulsos de verdadera libertad creativa. Así que todo está teñido de control político o económico, el arte quiero decir. Y, claro, el artista joven o no tan joven tiene que obedecer si desea sobrevivir. Personalmente, yo me descuelgo, prefiero dejar de exponer si tengo que pasar por todo esto. En la actualidad, tengo una libreta llena de bocetos para 9 o 10 exposiciones impensables en este momento, y no me importa seguir llenando. Esperaré. Todo cambia, todo se mueve. De esta manera no me interesa. Y esto es lo que provocan. Y no soy el único que piensa así.