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lunes, 12 de octubre de 2009

La proporcionalidad del sistema electoral

¿ Es proporcional nuestro sistema electoral? ¿ Nos sentimos representados realmente? ¿ Podemos decir que esto es un autogobierno que nos puede llevar a la felicidad ? ¿ Qué le falta a nuestro sistema? ¿Se trata solo de rebajar los topes insulares? ¿ Y qué ocurre con los votos de las islas capitalinas que valen tan poco comparados con los de las islas periféricas?

5 comentarios:

lluviaen dijo...

La ley de hierro (rocher de bronce), descubierta por Michels en 1911, dice así: “la organización es la madre del dominio de los partidos sobre sus electores”.

Esta ley sociológica fue enunciada cuando los partidos aun no habían reforzado la dominación oligárquica del aparato dirigente sobre la militancia, mediante el sistema proporcional, inventado por un telegrafista inglés para hacer posible las elecciones en un continente tan despoblado como Australia, con una sola circunscripción donde concurrieran en listas de partido personas desconocidas para los votantes. El criterio proporcional, impuesto en la Constitución de esta Monarquía de Partidos, ha convertido la ley sociológica de Michels (referente a la estructura) en la ley jurídica que somete la voluntad de la militancia a la del aparato funcionarial (funcionamiento) que hace las listas del partido.

Los partidos políticos modernos no son oligárquicos por degeneración, sino por naturaleza. Cuestión distinta es si unas organizaciones oligárquicas y burocráticas pueden querer, tomar o emprender las acciones que requiere la expresión de la libertad política en una democracia representativa. Y esto plantea el problema de la función de los partidos políticos en una República Constitucional. Un problema más fácil de resolver de lo que parece.

Si los partidos, aunque quieran serlo, no pueden ser democráticos, habrá que dignificarlos con estas tres medidas preventivas de la libertad política: 1. Sacarlos del Estado para evitar que éste se oligarquice políticamente. 2. No obligarlos a ser democráticos en la Constitución, para que ésta sea verídica. 3. Cambiar el sistema electoral de listas por el tradicional(mayoritario), para que el sistema de poder en el Estado sea representativo de la sociedad civil.

Resumiendo, cualquier sistema electoral proporcional, por naturaleza es antidemocrático; por lo tanto, mientras no se cambie eso, seguiremos sin democracia.

Gabriel Villalobos dijo...

Hola Dulce ¿siempre ha sido así el tema de los topes electorales en Canarias? ¿ Podrías explicar un poco en qué consiste la historia?

JJ dijo...

Sí, ahora va a parecer que el problema de Canarias es la infrarrepresentación de las islas capitalinas y la sobrerrepresentación de las más abandonadas y menos desarrolladas (a cuenta de la triple paridad). Los insultantes topes electorales insulares son otra cosa, aunque tampoco creo que aquí radiquen los graves problemas de la Comunidad. Un saludo

lluviaen dijo...

Pongo una Carta al director que envié hace un par de años,creo que vale para explicar el tema de la ley electoral.

¿Listas abiertas?

Veo, y leo en las últimas semanas en su periódico, que por fin se hacen eco de la preocupación general que se respira en la calle acerca del sistema electoral que tenemos -más bien padecemos- en España.

En este país, gracias al pacto firmado por Adolfo Suárez (y los herederos del franquismo) con la incipiente oposición democrática, se convino en una mesa formada por no más de 4 ó 6 personas, a espaldas de la sociedad civil, imponer el sistema proporcional de elección, que es lo que tenemos (sufrimos, para ser más exacto).

Hablan ustedes de listas abiertas y percibo que están en la confusión. Las listas abiertas siguen dando todo el poder y control a la hora de elaborarlas a los partidos políticos, y es esa la principal causa en la irrupción de la corrupción que nos asalta últimamente por todos los flancos.

Las listas abiertas son una variante de las cerradas, y siguen adoleciendo de la principal virtud y condición sine qua non para que sean democráticas: esto es, que sea la sociedad civil -y no la política-quien elija a sus representantes.En las listas (da igual abiertas que cerradas) son las cúpulas de los partidos los que deciden (ellos, y no nosotros) quienes van a ocupar los cargos de poder en los Ayuntamientos, Cabildos, CC.AA. y Parlamento de la nación. Ya se ha experimentado con listas abiertas en otros países, y está comprobado que sólo un 3% de los electores hacen algún cambio en la lista... ¿la consecuencia?, que seguimos en las mismas.

La solución está en el sistema mayoritario (no proporcional como ahora), de elección; que tiene en países como EE.UU. e Inglaterra (no Finlandia) a sus principales valedores,y me parece que esta gente sobre democracia están algo más puestos que nosotros... ¿O no?

Quiero votar a una persona, no a una lista; quiero decidir quién puede ser mi alcalde, pertenezca a un partido o no; a quién dar mi voto como concejal o diputado de mi distrito. Estoy harto de que otros elijan por mí, y por eso no voto. Treinta de los treinta y un alcaldes de la isla de Tenerife repiten...¡y no podemos hacer nada!

El sistema mayoritario garantiza la democracia. Se elige al alcalde por un lado: se presenta quien quiera (de un partido o no) sin que lo acompañe nadie. Ganará el más votado: ya tenemos poder ejecutivo.

Por otro lado, otro día, en una convocatoria electoral diferente, se presentan personas (las que quieran) a concejal, y son elegidos los más votados de cada barrio-distrito: ya tenemos poder legislativo, ¡y nos representa a nosotros, no a los políticos!

Estas son las dos condiciones indispensables para llegar a un sistema democrático: los elegidos representan al pueblo (no al jefe de cada partido), y hay separación de poderes (no de funciones como ahora), pues los dos poderes se eligen de manera separada.

La receta contra la partitocracia se llama democracia, y de momento no la tenemos.

Anónimo dijo...

Enric González, escritor y periodista:
"La clase política española es mejor que la italiana, aunque hable peor, y peor que la británica. El problema español, me parece, no son los políticos, sino la partitocracia exagerada, que aniquila la pluralidad, merma la representatividad y, por lo que se ve, favorece la corrupción".